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Paul Cézanne - Pinturas más importantes

Por Anna Abasolo. Actualizado: 28 junio 2018
Paul Cézanne - Pinturas más importantes

Paul Cézanne (1839-1906) fue un pintor francés postimpresionista considerado por muchos el padre de la pintura moderna. Sus soluciones pictóricas actuaron de puente entre la pintura figurativa propia del siglo XIX y las corrientes más rompedoras y vanguardistas del siglo XX. En esta lección de unPROFESOR os hemos preparado una selección de sus obras más importantes, a través de las cuales podréis conocer su trayectoria y valorar así su lugar en la Historia del Arte. Sigue leyendo y, así, conocerás las pinturas más importantes de Paul Cézanne.

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Quién fue Cézanne

Antes de descubrirte cuáles son las pinturas más importantes de Paul Cézanne es importante que conozcamos mejor a este pintor. En vida, Cézanne fue un artista ignorado por crítica y clientela. No fue hasta en sus últimos años de vida cuando se le dedicaron exposiciones monográficas o se le invito a participar en la selecta Exposición Universal de París de 1900.

Su deseo por construir un mundo pictórico que se correspondiera, no con las necesidades de su público, sino con sus necesidades privadas, chocaba directamente con el entramado del circuito artístico francés de medianos del siglo XIX, basado siempre en las reglas de la Academia y los Salones.

Solamente sus contemporáneos impresionistas o su ilustre amigo de infancia, Émile Zola supieron ver un genio en él. Y es que, no sería hasta la aparición de los fauvistas y cubistas, artistas jóvenes y asqueados con la tradición cultural decimonónica, que el arte de Cézanne lograría cierto reconocimiento.

Olimpia Moderna (1873-74)

Una de las pinturas más importantes de Paul Cézanne es La Olimpia Moderna de Cézanne, un magnifico exponente del primer período de transición del artista hacía la modernidad. Las primeras obras de Cézanne se caracterizaban por estar ejecutadas según las enseñanzas de los maestros antiguos, es decir, usaba una paleta de colores oscuros y sus composiciones eran deudoras de Delacroix o Courbet.

El tema escogido aquí por Cézanne es en realidad una respuesta íntima al escandaloso lienzo realizado por Manet y expuesto en el Salón de 1865. No obstante, esta Olimpia Moderna -segunda versión de Cézanne- es aún más transgresora que la de su colega Manet. Exhibida en la primera exposición impresionista de 1874, Cézanne nos presenta unas figuras completamente sueltas de una sensibilidad privada y única, donde los colores oscuros han dado paso a una paleta llena de colores exuberantes e intensos que concuerdan más con un Fragonard que con los antiguos maestros del Louvre y, a su vez, con las nuevas teorías lumínicas de los impresionistas.

El contraste de sus personajes resulta, además, algo delirante. La desnudez de la mujer choca, no solamente con la elegante indumentaria del hombre vestido de negro, sino también con la propia sirvienta que desvela sus atributos. La escena, enmarcada por una cortina a la izquierda, está dotada de un carácter erótico teatral que sin duda alguna descoloca al espectador. Y, en efecto, el resultado de ésta evocación fantasiosa del artista recibió las burlas tanto del público como de los críticos, ayudando a forjar esa imagen con la que a menudo se asocia a Cézanne, un artista loco.

Paul Cézanne - Pinturas más importantes - Olimpia Moderna (1873-74)

Una Granja de Anvers (c. 1879-1882)

La obra Una Granja de Anvers resulta imprescindible para examinar el cambio de dirección en la producción de Cézanne. Hacia medianos de la década de 1870 y bajo la influencia de Pissarro, las fantasías de Cézanne se suprimieron para dar paso a fines más objetivos.

En ésta importante obra, Cézanne transforma un intrascendente paisaje rural en un vehículo que remodela el lenguaje impresionista en uno propio basado en el estudio de la realidad (no de las “impresiones”) y en el que se intuye su futura preocupación por sacar a relucir los volúmenes geométricos de los cuerpos.

Cézanne nos presenta una humilde granja enmarcada por dos edificios sin determinar. Nada menos trascendente, sino fuera por el contraste entre las pinceladas desiguales que conforman la granja y el paisaje circundante, propio de un lenguaje más fugaz y impresionista, con las manchas sólidas que conforman las dos edificaciones que enmarcan la escena. Pareciera una representación de aquello imperecedero contrapuesto a la transitoriedad del momento.

Bodegón con Manzanas (c.1875-77)

Este lienzo de pequeñas dimensiones y sensacionalista historia nos vuelve a evidenciar las capacidades transgresoras de Cézanne. Presentado como un bodegón, no es sino un estudio de siete simples manzanas sobre, lo que intuimos es, una mesa de madera. Cézanne no sigue ningún convencionalismo y sus manzanas campan libres por un lienzo sin enmarcación alguna.

Es importante destacar que Cézanne jamás trabajó bajo los influjos de las formas geométricas puras, como posteriormente harían los cubistas. Estas manzanas no son esferas puras, sino unos consistentes e irregulares volúmenes esféricos. En la obra, ninguna manzana se alza como gran protagonista, no obstante, observamos que todas ellas están tratadas con dedicado esfuerzo, como si de grandes y virtuosos héroes se tratara.

Otra vez, un tema intrascendente, sin embargo, muy capaz de constatar el sentido del cambio en el artista.

Paul Cézanne - Pinturas más importantes - Bodegón con Manzanas (c.1875-77)

La Montaña de Santa Victoria (c. 1885-1887)

La Montaña de Santa Victoria es otra de las pinturas más importantes de Paul Cézanne. Supone la evidencia del interés de Cézanne por el mundo tangible. Natural de Aix-en-Provence, Cézanne sintió una gran atracción por los parajes de la zona, sobre todo por la montaña de Santa Victoria, la cual llegaría a pintar en más de setenta ocasiones.

Como en su día hiciera Monet, Cézanne eligió un motivo y lo pintó en diferentes momentos del día y desde distintos puntos de vista. Sin embargo, y a diferencia de su amigo, sus resultados parecen no un espontáneo reflejo de lo contemplado, sino más bien un estudio lento y prolongado de aquello que una vez observó y donde, de nuevo, nos muestra sus preocupaciones y estudios sobre la luz, las formas y sus volúmenes.

Paul Cézanne - Pinturas más importantes - La Montaña de Santa Victoria (c. 1885-1887)

Los Jugadores de Naipes (1890-1895)

Los jugadores de Naipes es, sin lugar a dudas, la serie más conocida de Cézanne. Realizada a lo largo del primer lustro de 1890, las cinco obras que conforman esta serie nos muestran unos motivos de inspiración caravagesca; los cuales se cree fueron propiciados por la obra de los hermanos Le Nain, expuesta en el museo de Aix-en-Provence.

Todos los lienzos de la serie presentan a dos personajes masculinos enfrentándose, en una taberna, a un juego de naipes. No obstante, uno de los lienzos destaca por encima del resto, concretamente el más sobrio de todos. Mucho se ha comentado acerca del sutil juego de gestos y miradas de ambos personajes, los cuales, mediante unas máscaras inexpresivas, encierran una concentración casi tangible para el espectador.

En cuanto a su composición, la botella, foco de luz de la obra y colocada en el centro del lienzo, constituye el eje central del mismo, separando el espació en dos zonas casi simétricas que enfatizan aun más la rivalidad de ambos personajes.

La década de 1890 supone el período más maduro de Cézanne. Sus obras ya no reflejan esa lucha interna entre distintos lenguajes, ese dudar de quien está aprendiendo, y se manifiestan heterogéneas y unificadas, seguras de sí mismas. Los antiguos maestros han abrazado las nuevas normas postuladas por el artista y fluyen al unísono en obras como Los jugadores de Naipes.

Paul Cézanne - Pinturas más importantes - Los Jugadores de Naipes (1890-1895)

Las Grandes Bañistas (1895-1905)

En la última década de su carrera, Cézanne reflexiona sobre el motivo de las bañistas. Este venerable tema ya había aparecido anteriormente en sus cuadernos (Las Cinco Bañista, c. 1885-1887), pero es ahora cuando adquiere un enfoque mucho más ambicioso.

La obra nos muestra una abundancia de desnudos femeninos en la orilla del agua en actitudes eróticas enmarcadas por una bóveda simétrica de árboles. En esta composición somos capaces de reconocer el increíble esfuerzo de Cézanne por conciliar las lecciones de los antiguos maestros con sus nuevos postulados artísticos, pues la disposición de sus personajes, composición e incluso sus colores nos remiten a todo su compendio de sabiduría.

Paul Cézanne - Pinturas más importantes - Las Grandes Bañistas (1895-1905)

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